lunes, 4 de diciembre de 2006

Religiones y Credibilidad

INTERESANTE ARTÍCULO

Religiones y credibilidad
EUSEBIO LOSADA 'UXE' /SACERDOTE

Son las religiones un elemento positivo de cara al proceso de humanización o, por el contrario, suponen un obstáculo a superar? La respuesta a esta cuestión no puede ser simple; la historia de las religiones nos ofrece un panorama extenso tanto en luces como en sombras. El poder religioso ha ido de la mano y ha justificado muchas veces los desmanes del poder político y viceversa, y ha ahogado en no pocas ocasiones la autonomía personal mediante burdos o sofisticados mecanismos de control. No es extraño que en nuestros días avance a marchas forzadas la actitud de indiferencia y el alejamiento respecto a sistemas e instituciones religiosas. La otra cara de la moneda es lo que la fe religiosa ha aportado en cuanto a sentido de la vida y a valores humanos fundamentales, así como a la defensa de la persona. No es extraño que avance, simultáneamente, el hambre de fuentes de una sana espiritualidad para la vida.La clave se sitúa, a mi modo de ver, en la confianza. Y para fiarse es importante tanto el mensaje como el mensajero. Lo que se nos ofrece puede ser muy bueno, pero si quien lo comunica no lo vive en autenticidad, desvalora y desacredita el mensaje mismo. La experiencia me dice que no parece que el hombre y la mujer del siglo XXI vayan a poner su confianza en instituciones que se muestren más preocupadas por la defensa de sí mismas frente a otros, de sus dogmas, de su organización (menos aún si ésta es piramidal y fuertemente jerarquizada), de sus bienes y propiedades, de poner el acento en sus rígidas normas moralizantes, de sus modos de hacer proselitismo, de cerrar filas en torno a un pensamiento único. Tampoco creo que el asunto se dirima en que esas instituciones no sepan 'cómo vender el producto'; no es cuestión de marketing. La pura fachada, por muy decorada que esté, no es criterio de confianza.Las religiones resultan creíbles, desde mi punto de vista, si su mensaje contribuye a la defensa de la dignidad de todas las personas y si los mensajeros lo viven en autenticidad. Y esto significa que el centro no son ellas mismas ni sus intereses particulares, sino la persona misma, los hombres y las mujeres concretos (todos, no sólo sus correligionarios), con sus penas y alegrías, con sus preocupaciones y satisfacciones. La experiencia de Dios, que es la base de la fe religiosa, lleva a la vivencia cotidiana de que toda persona es nuestra hermana. No se puede comprender ni menos justificar que en nombre de Dios o de una religión o institución religiosa se excluya a personas, grupos, colectivos, pueblos, otras religiones y culturas. Una sana fe religiosa fundamentada en la experiencia personal del Dios Amor no nos lleva a la confrontación violenta con otros, sean éstos pertenecientes a otras tradiciones religiosas o a ninguna de ellas. Por el contrario, esa experiencia de amor incondicional nos conduce hacia la búsqueda común, el diálogo en igualdad, la realización conjunta de gestos y acciones humanitarias sanantes de las heridas deshumanizadoras.Dios y discriminación son incompatibles. Es más, la prueba del algodón de las religiones es su sensibilidad para ponerse del lado de quienes más sufren, de los relegados, de quienes tienen menos oportunidades, de los más pobres, de los señalados con el dedo, de los diferentes. Pero de todos, no sólo de los que son considerados dignos de atención y ayuda por la doctrina o moral oficial de cada religión. Es éste, precisamente, el punto de encuentro tanto de las religiones entre sí como entre quienes profesamos una fe religiosa y quienes no lo hacen, entre creyentes y no creyentes; y el que debería ser objeto primario de preocupación y ocupación de todos.Cuando el centro no es éste, entonces se cae en dogmatismos, en fundamentalismos, en integrismos. Y estas posturas llevan consigo la intransigencia, la imposición, la negación de un verdadero diálogo, el no reconocimiento de la diversidad y el pluralismo, el no respeto al otro, el ejercicio de la autoridad como poder para someter a otros. El colmo es llamar 'servicio' a lo que es dominio de los demás. No creo equivocarme al afirmar que es éste el mayor mal que puede hacer al género humano una institución, religiosa o de cualquier tipo, una persona o un grupo de personas. Aún diría más: actuar conforme a estas actitudes niega la propia fe religiosa. No es fe; llamémosle por su nombre: ansia de dominio, sed de control, poder en el peor sentido de esta palabra. Y si, además, se actúa de esta forma 'en nombre de Dios' (queriendo justificar la propia conducta), se toma el nombre de Dios en vano, se niega a Dios mismo, cayéndose paradójicamente en un ateísmo: se invoca a un 'dios' que es el no-Dios, el no-Amor, el no-Bien. Un ateísmo combativo con cara, apariencia y discurso creyente.Pero aún hay algo más. La autenticidad, que es para mí el criterio principal de la credibilidad, pasa por desterrar de una vez por todas el hecho de mantener por un lado alianzas con el poder o ser parte del poder o de las instancias que pretenden el control de la sociedad y de la vida y las conductas de las personas y, por otro lado, dedicarse también a obras de 'servicio a los pobres'. Simultanear ambas cosas no resulta coherente ni creíble. Esto sí que es un matrimonio antinatura.Este déficit de credibilidad lleva consigo, como consecuencia, un alejamiento práctico de las personas respecto a las instituciones religiosas. Constituye, por tanto, una de las causas -entre otras- de lo que se ha venido a llamar 'secularización', proceso que sigue su curso y que, a mi modo de ver, aún no ha tocado fondo ni mucho menos. Los resultados de los estudios que han realizado entre nosotros serias instituciones, como la Fundación Santa María, son bien clarificadores de la situación: la Iglesia católica (numéricamente la que tiene más seguidores) figura entre las últimas instancias que merecen la confianza de los jóvenes, por debajo incluso de las multinacionales. No resulta ya, para esas generaciones, un referente ético ni una fuente donde buscar sentido para la vida. El desprestigio está más que servido. Signo de los tiempos; oportunidad para renacer.Volviendo a la pregunta que iniciaba este artículo, si las religiones absolutizan dogmática e impositivamente sus propias creencias e instituciones, ciertamente son un obstáculo, un serio peligro para la Humanidad, como lo son igualmente las ideologías dogmatizadas. Si, en cambio, tuvieran la valentía de desprenderse de los lastres que he apuntado en este artículo, entonces serían, además de creíbles, un elemento clave para la convivencia respetuosa y pacífica entre las culturas y las civilizaciones, el diálogo y el encuentro mundial, la potenciación de la sociedad civil laica, una referencia para el desarrollo espiritual de las personas y de los valores humanos. ¿Querrán y podrán renunciar a lo que ni les corresponde ni beneficia a la fe? ¿Querrán y podrán anunciar, con la ejemplaridad de sus mensajeros, que en Dios sólo podemos encontrar Amor, Bien, Belleza? ¿Podrán caminar codo con codo con cualquier persona de cualquier país y cultura para trabajar por la igualdad, la libertad, la dignidad, el aprecio y el respeto a todo ser humano y por un desarrollo sostenible para nuestro planeta? El futuro, no sólo de las religiones, sino lo que es más importante, de la Humanidad, depende en buena medida de ello.

Este artículo lo podéis encontrar publicado en El Correo.

3 comentarios:

Manu dijo...

El artículo sé que es larguísimo, pero prometo que merece la pena.
Eusebio Losada, "Uxe", fue y no se si sigue siendo consiliario de San Miguel eskaut taldea, de Sestao, y es promotor de un movimiento dentro de la Iglesia de Bizkaia (ya extendido a toda España) llamado Kristau Sarea.

Fertxo dijo...

En verdad que el artículo tiene su enjundia, casi que me quedo sin aire... me consta que así piensan un montón de curas pero no se atreven a decirlo y, por supuesto, así pensamos todos los fieles alérgicos al conservadurismo tan abigarrado por otra parte.

Portzierto, no entiendo porqué la gente más crítica dentro de la iglesia se dispersa en tantas y tantas "redes" y no vamos a una fuenteovejuna... no existe la corriente "Somos Iglesia" ?

Manu, akabo de salir de un curso de Baketik, he coincidido con Leire, la novia de Pablo Arredondo, no sabía que pertenece a Bakeola, ahí teneis un filón de oportunidades para aprovechar...

Animo !

Manu dijo...

Kristau Sarea digamos que tiene otros métodos diferentes a eliza gara, pero tal es el camino compartido entre ambas que hay mucha gente que se sitúa en ambas, aunque hay más de eliza gara en kristau sarea que al revés.
Ah, y lo de Leire lo sabemos desde hace mucho y lo aprovechamos, nos ha pasado bastantes materiales desde que está allí, y ha dado curso de resolución de conflictos a más de uno y de dos monitores.
De todas formas está bien que estes al tanto he intentes mantenernos alerta, un abrazo.