martes, 24 de noviembre de 2009

Después de tanto tiempo aquí tenéis la experiencia de Ecuador








Hace ya tres mese que venimos de Ecuador, parece mentira, pero todavía no os habiamos puesto nada por aquí, así que después de pedírselo a Mikel, Gure Coordi, aquí tenéis lo que él escribió para la revista Goitibera, no tiene desperdicio alguno:

"Sueño de unas noches de verano
Es difícil ponerse delante del ordenador e intentar expresar en un página lo que hemos vivido en Riobamba (Ecuador) este mes de Agosto. Hace dos semanas que regresamos y relamente parece casi irreal, como un sueño todas las cosas que nos han pasado este verano.
Después de un largo viaje, ya que empalmamos 11 horas de avión y 6 de bus, todo sin dormir, llegamos a Santa Cruz. Cuando llegas allí te lo presentan como el Hogar Santa Cruz, y a medida que pasa el tiempo, te das cuenta de que no puede tener mejor nombre, porque realmente te sientes como en casa. Es un lugar en el que te sientes a gusto y en paz.
Al día siguiente de llegar, comenzamos con la formación y la preparación de la primera misión. Aquí es donde comenzamos a conocer a los miembros del EMI. ¿Que podría decir de esta gente?, los que habéis estado en Ecuador me entenderéis. Son personas increíbles, personas que han tomado la opción por los pobres. Personas coherentes con el modelo de vida de Jesús. De esas personas que desde que las conoces, sabes que van a dejar huella en tu vida. De las que no se olvidan nunca.
Tras varios días de formación, por fin llega el momento de salir a las primeras comunidades. Es un momento en el que se mezclan la emoción con la incertidumbre de no saber que es lo que te vas a encontrar o lo que vas a vivir. Recuerdo la llegada a la comunidad, eran las 7 de la tarde, una hora bastante avanzada cuando te levantas a las 3 o las 4 para trabajar en el campo, pero allí estaba toda la comunidad en la cancha de fútbol, esperando para darnos la bienvenida. Lo primero saludos y una cena (bastante copiosa). A partir de ese momento las emociones se disparan, esa misma noche organizamos la semana de misión, nos presentamos y comenzamos a trabajar.
El choque cultural fue tremendo, te cuesta hacerte entender, por diferencias en el lenguaje. Pero sobre todo vas alucinando con todo lo que ves, las casas, las cocinas, las camas. Todo es diferente a lo que estamos acostumbrados en el Norte. Lo más impresionante es la GENEROSIDAD, te ofrecen todo lo que tienen, y lo que no tienen. Y lo más duro es que encima te piden perdón por se pobres y no poder darte más. La gente se preocupa constantemente de si estás bien. Hoy todavía puedo ver sus caras en la puerta de mi cuarto el día que estuve enfermo y no pude salir, estaban allí solamente para ver si estaba bien.
Tras la primera misión llega el reencuentro con los compañeros, las anécdotas, las risas y el descanso. Volver a Santa Cruz es como ya he dicho antes, como volver a casa. Este breve reencuentro sabe a poco, sin darte cuenta estas marchandote a las segundas comunidades, esta vez a comunidades indígenas, a más de 3500 metros de altura.
Vivir una semana en las comunidades indigenas, viviendo con ellos y ellas, compartiendo la vida, pasando frío con ellos, te aporta muchisimas cosas. Aprendes infinidad de cosas de ellos, pero sobre todo sirve para darse cuenta uno mismo que lo que tenemos en el norte no siempre es lo mejor y que no somos ni mucho menos el ombligo del mundo. Es dificil, pero si intentas entender su forma de ver la vida, de entender el mundo, entonces aprendes a valorar las cosas más sencillas, la naturaleza, el vivir en armonia con ella, el valor de una sonrisa, en definitiva esas cosas que no se pueden pagar con dinero pero que son las que más valor tienen en la vida.
Antes de ir, la gente nos preguntaba a que ibamos a Ecuador, que era lo que ibamos a hacer. Ahora despues del viaje me doy cuenta de que esas preguntas vienen de nuestra forma de ser occidental, si no vamos a hacer algo concreto, no tiene sentido que vayamos. Ahora lo entiendo mejor, creo que puedo contestar mejor la pregunta de a que he ido. Fui a estar con la gente, a vivir, a compartir vida con ellos. Y eso, aunque aquí nos cueste entenderlo, para aquella gente maravillosa es más valioso que cualquier cosa que pudiera haber hecho allí. He vivido con los indígenas, y ellos conmigo. Hoy, despues de todo lo que hemos vivido, me siento más misionero que cuando llegué a Ecuador. Ahora siento que los que hemos pasado por Riobamba, somos misioneros, pero misioneros que hemos visto que otra iglesia es posible, que otro Dios es posible, que otra forma de vida es posible, y ahora nos toca venir a las misiones a casa, traer esa buena noticia a la parte del mundo que necesita creer que otro mundo es posible. Por eso me gustaría acabar estas lineas invitandoos a vivir la experiencia del Curso Norte Sur, a ir a Ecuador o donde sea, y a que os deis cuenta como yo que esa otra realidad por la que trabajamos es posible, si nos enseñan a vivirla"